El sueño. La importancia del descanso nocturno para la salud


Cada noche nos vamos a dormir con la esperanza de entrar lo antes posible en el estado inconsciente del sueño. Esto que debería ser lo normal, para algunas personas no lo es. 

El insomnio es el problema más común relativo al sueño, se calcula que alcanza a una tercera parte de la población.

¿Qué es el insomnio?

El insomnio es la incapacidad o la dificultad para conciliar o mantener el sueño adecuadamente, o sea según las necesidades de cada persona. Se manifiesta con alguna de las siguientes situaciones:
  • Dificultad para conciliar el sueño.
  • Despertarse con frecuencia durante la noche y tener problemas para volverse a dormir.
  • Despertarse de repente por la mañana antes de lo habitual.
  • No obtener un sueño reparador y tener la sensación de que no se ha descansado durante la noche.

Causas de la falta de sueño
  • Cambios fisiológicos: el envejecimiento produce una serie de cambios en el patrón del sueño.
  • Estilos de vida (alteraciones del ritmo circadiano): cuando el horario de sueño no coincide con el que se considera habitual (jet-lag, turnos de trabajo nocturnos...).
  • Hábitos farmacológicos: existen diversos fármacos de uso común que pueden causar insomnio (antihipertensivos, anticolinérgicos, hormonas, antineoplásicos...).
  • Patologías psicológicas y orgánicas: cualquier enfermedad crónica que produzca síntomas de incomodidad por la noche puede provocar deterioro del sueño nocturno. 

Consecuencias de la falta de sueño

El descanso es fundamental para el organismo, con una finalidad restauradora del sistema nervioso, del resto de tejidos del organismo, de la energía celular, de la memoria... 

Principalmente, el sueño nos permite ser capaces de tener un grado satisfactorio de vigilancia y atención durante el día.

Por tanto, la falta de sueño puede traer consecuencias como:
  • Sentirse cansado todo el día con falta de energía física.
  • Sentir somnolencia diurna.
  • Dificultad de memorización.
  • Desorientación espacial.
  • Tener dificultad para concentrarse en las tareas diarias.
  • Alteraciones del comportamiento y de las emociones: angustia, depresión o irritación.
En un próximo artículo os daremos recomendaciones para conseguir un sueño saludable.